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Acogimiento familiar

Las estructuras de acogida son determinantes en el desarrollo de una persona porque establecen las bases para hacer posible la edificación del ser humano. En nuestra sociedad, las estructuras de acogida por excelencia son la familia y la comunidad.

Para un niño, la familia es el ámbito de acogida más importante. Le da protección, cuidado, amor y educación. Desgraciadamente, no todos los niños tienen una familia que pueda ejercer esas funciones lo que suele determinar una infancia infeliz y, a veces, una vida desgraciada.

En los países desarrollados, las amenazas de los niños no son los lobos, el hambre o la enfermedad sino el abandono y el desamparo.

Cuando un niño vive una situación de desamparo, la otra estructura de acogida por excelencia, la comunidad, debe actuar con diligencia y ofrecer en la medida de lo posible lo que la familia no puede dar en ese momento.

Es importantísimo considerar que cada niño tiene unas necesidades específicas y que la comunidad dispone de varias posibilidades de respuesta a estas necesidades. La adopción, el acogimiento residencial y el acogimiento familiar, son algunas de ellas.

La medida de acogimiento familiar tiene, como el resto de medidas de protección, posibilidades, limitaciones y complejidad. Una de sus grandes riquezas es que ofrece una gran diversidad de  familias. Aunque se hable de un único recurso, en realidad se trata de un amplio abanico de recursos y, por tanto, de la posibilidad de dar respuestas ajustadas a las necesidades específicas de cada niño.

Hay factores que hacen complejo el acogimiento. Intervienen diversas personas y servicios y se generan muchas emociones. Es muy importante que durante todo el proceso de acogida, el actor principal sea el niño. Se deben escuchar sus miedos, dudas y desacuerdos, prepararle para entender y aceptar su historia y acompañarle en esta etapa de su vida.

Hay muchas familias que temen acoger a un niño por el dolor que les causará después la separación pero es importante pensar que el beneficio que recibirá ese niño al ser parte durante un tiempo de una familia está por encima de esos sentimientos.

En la Fedaia creemos también que hay una cuestión fundamental: respetar el tiempo necesario para hacer un buen trabajo. Cuando en la sanidad pública se producen listas de espera para cirugía, a nadie se le ocurre exigir a los médicos que utilicen menos tiempo de lo aconsejable o suturen las heridas con menos puntos. En el trabajo social, en cambio, hay momentos en que se toma la decisión de acortar las intervenciones y reducir el número de puntos de sutura necesarios para cerrar adecuadamente una herida. Realizar una intervención que más bien responde a urgencias o necesidades ajenas, provoca daños al niño, a su familia y a las familias acogedoras.

Alguien ha comparado la forma de medir la fortaleza de una sociedad con la manera en que los ingenieros determinan la de un puente: no midiendo los pilares más resistentes, sino los más débiles. No hay duda de que los niños desamparados son un buen ejemplo y que la capacidad de respuesta de atención a este pilar es una buena muestra de la fortaleza y la bondad de nuestra sociedad.

 

CONXI MARTINEZ, Vicepresidenta de FEDAIA

Publicat el 10/03/2011 en el diari El Periodico